“ ( ... ) Estoy convencido que Carlos Albert es un escultor de pies a cabeza y… si se me permite el chiste fácil… no lo digo por la distancia física que hay entre una cosa y otra. A pesar de su envidiable juventud no solo está logrando superar las grandes limitaciones que tiene la escultura –mayores que en la pintura- sino que ha alcanzado ya gran madurez basada en una técnica y una ejecución extraordinariamente cuidadas que lo convierten en un autentico y serio profesional. Todo esto es de suma importancia si tenemos en cuenta la nefasta realidad del “todo vale” que predomina en el panorama artístico de hoy en día.”
Farreras
Marzo, 2006